Casos Clínicos


Anorexia Felina

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Litín, gatito desnutrido de ocho semanas de edad. La dueña lo colocó encima de la mesa, era demasiado pequeño para su edad, tenía mal aspecto, mal pelaje y parecía no tener fuerza. Se quedó quieto, aguantando el equilibrio, estaba exhausto, la dueña nos contó que era el último que quedaba en la tienda, y que no había probado bocado desde que lo había comprado hacía ya varios días.
Imaginé que sería el último porque era el más débil, pensé en Silicea:

Gato Silicea
El más pequeño de los gatos, el más diminuto de la camada, con la cabeza grande.
Friolero (necesita taparse).
Estufa, bigotes chamuscados.
Muy inseguro, pero no busca compañía como Pulsatilla, ni se pone chulo como Lycopodium.
Vértigo de altura, si sube al árbol maúlla hasta que lo bajan.
Desconfiado.
Irritable cuando lo atacan (Pulsatilla no, jamás saca las uñas).
Solitario, apartado.
No muy sociable.
Limpio.
Meticuloso.
Come poco.
Casi imposible de tomar medicamentos.
Come carne cruda (alimento con gran energía, Silicea no tiene fuerza vital).
Obstinado.
Aversión a la leche.

Problemas de recién nacido, debido a su aversión a la leche y a su gran frialdad, su madre no lo lame; cachorro pequeño, frío, no mama, no se mueve, la madre lo da por muerto y lo aparta.
Silicea 30 CH, 2 gránulos disueltos en 2 ml de agua, le llenarán de energía y a los 15 minutos empezará a moverse, apartará a sus hermanos, se hará un sitio y vivirá.
Es muy frecuente en la clínica oír al criador: "Había uno más, pero era muy pequeño y se murió". Era casi seguro un Silicea y dos bolitas a la 30 CH, habrían sido mas que suficiente para que este cachorrito se hubiese llenado de energía y puesto a mamar en 15 minutos.
Examiné al cachorro, comprobé que era Silicea lo que necesitaba y le administré 1 ml sublingual de Silicea 30 CH dilución método plus y le pregunté a la dueña si me podría traer un filete de carne cruda, muy contenta de verme tan segura de poder salvarlo me contestó que era carnicera y en 20 minutos estaría de vuelta. Perfecto, 15 minutos es lo que tardaría el pequeño en tener apetito.
Pasados esos minutos, el cachorro parecía otro, hasta su pelo parecía diferente, saltó de las manos de mi ayudante, un joven veterinario en prácticas de homeopatía, y empezó a buscar comida desesperadamente; en ese momento entró la dueña por la puerta con un chuletón enorme en la mano y el pequeño realizó un salto propio de una olimpiada.

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